A través de este mundo de los blogs me he encontrado con personas de todo tipo. Las hay que les gusta la poesía y escriben maravillosamente. Otras, con una habilidad envidiable, hacen unas manualidades impresionantes. Muchas unen imaginación y técnica para expresar con su pintura sentimientos y sueños. Pero todas coinciden es ser buenas personas, "buena gente", como decimos en Andalucía.
Hace unos día recibí de Maloles un regalo virtual: un Premio a la Fantasía. Me hizo mucha ilusión, que una persona que no me conoce físicamente, se acordara de mí para pasarme este premio. Yo quiero aprovechar esta entrada para compartirlo con las personas que, desde el primer día en que nació este blog, comparten conmigo esa fantasía de "Encontrarnos en las estrellas". Ojalá sigamos muchos años soñando, Melba, Meli, Paco, Eduardo, Javier, Jeannette, Galindo, Merr.

Hoy he recibido otro regalo. También me lo ha hecho una persona que no conozco personalmente, pero que me ha tocado el corazón. Me ha enviado dos libros de poesía, pequeños, antiguos (sabe lo que valoro las cosas antiguas). Uno es de Baudelaire y otro de Federico García Lorca. También quería compartir mi alegría con vosotros, no todo van a ser penas.
Ojeando el libro de Lorca me he topado con un romance que hacía mucho tiempo que no leía. Es largo, pero es impresionante. Cómo sabe Federico jugar con las palabras, qué dominio, qué maestría. Me gustaría que, si queréis, después de leerlo lo comentemos. Creo que es un romance con mucho contenido y muy rico en las formas.

ROMANCE DE LA GUARDIA CIVIL ESPAÑOLA
A Juan Guerero
Cónsul general de la poesía.
Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.
¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas se conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.
Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche,
noche, que noche nochera.
La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.
¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas, banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita¡
Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.
Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo se les antoja
una vitrina de espuelas.
La ciudad, libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entraron a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de moneda.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la guardia civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas;
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.
¡Oh ciudad de los gitanos!
La guardia civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.
Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.