Hace poco más de un año ella era sólo una simple esperancita2 y yo un simple turuleco.
Conocí su primer dibujo y me gustó, y ella halagaba mis escritos.
Luego mostró sus pinturas, y me gustaron.
Un día la encontré en un chat como fantsystar. Fantasía en las estrellas. Qué lindo nombre, entre la esperanza y la fantasía, mezclado con las estrellas formaban un lindo cocktail que lleva a uno a fantasear y a soñar.
Con el entusiasmo que tiene me mostró sus pps, sus escritos, su obra de teatro, más pinturas nuevas y yo no dejaba de sorprenderme.
De fantasystar, pasó a ser Conchi y de Conchi a Conral y de Conral a Conralita que es el nombre que le elegí.
Me contó sus cosas, yo las mías, sus entusiasmos, yo los míos. Y un buen día, con esa fuerza que tiene se decidió de golpe a abrir un blog para poner en él todos nuestros sueños.
Qué mejor nombre que En las estrellas nos encontramos, si ella es una estrella en lo que hace. Y construimos de a poco nuestra propia galaxia, poblando el cielo con más estrellas cada día.
Un día, una estrella más pobló su cielo. Su gran amiga que partió a mirarla desde arriba, y compartimos juntos esa tristeza.
Creó un foro, y desde ahí nos reímos, nos saludamos, creamos lo que pudimos.
Comenzó con sus artesanías a cada día sorprendernos un poco más. Todo lo hace bien.
Esperancita, Fantasystar, Conchi, Conral, Conralita, madre, hija, esposa, hermana, maestra, amiga....múltiples facetas para una misma persona que tiene adentro muchas cosas para dar.
La Rosa más hermosa de su rosal partió un día, y se convirtió en una nueva estrella en su galaxia poblada de emociones. Ya la rosa no está ahí para olerla, acariciarla, besarla y verla a diario, pero está arriba, guiándola, inspirándola, viéndola vivir, con ese mismo entusiasmo que tiene siempre, con esas ganas y fuerzas que le pone a todo. Y ella está triste, porque sabe que en estas navidades alguien importante faltará, pero al mismo tiempo sigue adelante y con fuerza porque sabe, y está seguro de ello, que algún día todos, los que nos queremos, en las estrellas nos encontraremos.
Bienvenido amigo, bienvenida amiga... En este blog no existen las fronteras, ni las diferencias,...
Nicaragua, Argentina, España, Panamá, Chile, Perú, México, ...
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domingo, 23 de diciembre de 2007
jueves, 29 de marzo de 2007
Víctima (depende de donde se lo mire)
Esa noche Alicia se quedó hasta tarde en su trabajo. Cuando miró la hora ya eran las dos de la mañana. Apurada, recogió sus cosas del escritorio y las guardó en su cartera y salió corriendo a tomar el colectivo que la llevaría a su casa.
Al subir al colectivo revisó su cartera y se dio cuenta de que se había traído, sin querer, y en el apuro, unas tijeras que eran de la oficina. Bueno, pensó, mañana las devolvería.
Bajó en la parada correspondiente, y hasta su casa quedaban 5 cuadras que debía caminar.
Se encontraba cansada y apuró el paso para llegar más rápido.
En el silencio de la noche se percató de que unos pasos detrás de ella aceleraban su ritmo.
No quería darse vuelta, pero no pudo con su curiosidad. Vio que detrás suyo un joven apresuraba el paso acercándose hacia ella. Aceleró más su marcha y los pasos detrás de ella hicieron lo mismo, hasta que el joven la alcanzó. Con una mano la tomó de un brazo fuertemente, y con la otra, simulando un revólver, se la apoyó en la cintura y le dijo:
- Si gritás te pego un tiro.
Ella mantuvo la calma. Se dejó llevar por el muchacho, quien la condujo a unas pocas cuadras hacia un callejón oscuro y sin salida.
La apoyó contra la pared y empezó a manosearla y a besarla. Alicia seguía manteniendo la calma. Entre manoseos y besos que le daba le dijo:
- Ves putita que te gusta...
Y siguió con lo suyo. Sin forcejear demasiado el muchacho sacó su pene del pantalón y tomó fuertemente a Alicia de los pelos y la empujó hacia abajo, para ponerle el pene en la boca. Alicia se agachó, y sigilosamente, recordando la tijera que había traído sin querer de su trabajo, metió la mano en la cartera y la sacó. Ya agachada y frente al miembro del joven, Alicia tomó la tijera y la clavó fuertemente en el abdomen del muchacho, que ante el grito de “perra hijadeputa” cayó hacia atrás. Al estar en el piso, Alicia se incorporó y tomó las tijeras nuevamente para clavársela en el corazón y luego en la yugular.
Luego tomó las tijeras, las guardó en su cartera y caminó las cuadras que la llevaban hasta su casa.
Al llegar se dio cuenta de que estaba bañada en sangre. Puso su ropa a lavar, limpió las tijeras, se dio un baño y se acostó a dormir.
A la mañana siguiente, y como todos los días, antes de ir a trabajar, prendió la televisión para ver el noticiero.
“Gran revuelo en el barrio de Barracas por el asesinato de un joven de 23 años” decía el periodista. “Otra víctima de la inseguridad en la ciudad. Se desconoce el motivo del crímen del muchacho en un callejón del barrio de Barracas”. Enseguida reportajes a familiares del muchacho hablando de que no sabían que podría haber pasado, que era un buen muchacho, que no hacía mal a nadie, y recalcaban que era otra víctima de la ola de inseguridad que acechaba la ciudad. Lo mismo decían los vecinos, solicitando al gobierno más protección. Ya son muchas las víctimas por la ola de inseguridad en la ciudad.
Alicia pensó en quién era la víctima. Se olvidó de lo sucedido y siguió con su vida habitual.
29/03/07
Al subir al colectivo revisó su cartera y se dio cuenta de que se había traído, sin querer, y en el apuro, unas tijeras que eran de la oficina. Bueno, pensó, mañana las devolvería.
Bajó en la parada correspondiente, y hasta su casa quedaban 5 cuadras que debía caminar.
Se encontraba cansada y apuró el paso para llegar más rápido.
En el silencio de la noche se percató de que unos pasos detrás de ella aceleraban su ritmo.
No quería darse vuelta, pero no pudo con su curiosidad. Vio que detrás suyo un joven apresuraba el paso acercándose hacia ella. Aceleró más su marcha y los pasos detrás de ella hicieron lo mismo, hasta que el joven la alcanzó. Con una mano la tomó de un brazo fuertemente, y con la otra, simulando un revólver, se la apoyó en la cintura y le dijo:
- Si gritás te pego un tiro.
Ella mantuvo la calma. Se dejó llevar por el muchacho, quien la condujo a unas pocas cuadras hacia un callejón oscuro y sin salida.
La apoyó contra la pared y empezó a manosearla y a besarla. Alicia seguía manteniendo la calma. Entre manoseos y besos que le daba le dijo:
- Ves putita que te gusta...
Y siguió con lo suyo. Sin forcejear demasiado el muchacho sacó su pene del pantalón y tomó fuertemente a Alicia de los pelos y la empujó hacia abajo, para ponerle el pene en la boca. Alicia se agachó, y sigilosamente, recordando la tijera que había traído sin querer de su trabajo, metió la mano en la cartera y la sacó. Ya agachada y frente al miembro del joven, Alicia tomó la tijera y la clavó fuertemente en el abdomen del muchacho, que ante el grito de “perra hijadeputa” cayó hacia atrás. Al estar en el piso, Alicia se incorporó y tomó las tijeras nuevamente para clavársela en el corazón y luego en la yugular.
Luego tomó las tijeras, las guardó en su cartera y caminó las cuadras que la llevaban hasta su casa.
Al llegar se dio cuenta de que estaba bañada en sangre. Puso su ropa a lavar, limpió las tijeras, se dio un baño y se acostó a dormir.
A la mañana siguiente, y como todos los días, antes de ir a trabajar, prendió la televisión para ver el noticiero.
“Gran revuelo en el barrio de Barracas por el asesinato de un joven de 23 años” decía el periodista. “Otra víctima de la inseguridad en la ciudad. Se desconoce el motivo del crímen del muchacho en un callejón del barrio de Barracas”. Enseguida reportajes a familiares del muchacho hablando de que no sabían que podría haber pasado, que era un buen muchacho, que no hacía mal a nadie, y recalcaban que era otra víctima de la ola de inseguridad que acechaba la ciudad. Lo mismo decían los vecinos, solicitando al gobierno más protección. Ya son muchas las víctimas por la ola de inseguridad en la ciudad.
Alicia pensó en quién era la víctima. Se olvidó de lo sucedido y siguió con su vida habitual.
29/03/07
miércoles, 28 de marzo de 2007
Solitario (una historia de abandonos)
Siempre consideré que la vida debía vivirla y aprovechar todo lo que pudiera de los distintos momentos, buscando momentos nuevos y situaciones nuevas para aprovechar.
A los 18 años, cuando cumplí mi mayoría de edad, le pedí dinero a mi padre y sin decirle nada compré un pasaje para un lugar del mundo y partir. Y así dejé a mis padres y mis hermanos menores, sin avisarles donde iba ni a qué, pues ni yo lo sabía.
Tuve siempre la facilidad de hacerme querer muy fácilmente, y de hacer amigos, amantes, novias, y todas esas cosas que a uno hacen por momentos feliz.
Esa fue una constante en mi vida., arraigándome a nuevos lugares y partiendo nuevamente olvidando lo vivido. De esa forma sobrevivía, aprendía cosas y obtenía nuevas experiencias. Pero siempre, y sin decir nada a nadie, un día, el menos esperado, volvía a partir, eligiendo algún lugar lejano para comenzar de nuevo.
Mi historia de abandonos es larga y siempre sabía que dejaba afectos a mis espaldas, que si algún día volvía, los podría volver a conseguir.
Así fue pasando el tiempo y me puse mayor. Ya casi con 60 años, y después de haber abandonado mujeres, hijos, amigos, gente que quería dejarme sus negocios, amigas, y vidas a medio construir, necesitaba afecto y decidí volver a esos lugares que en su momento había abandonado y donde alguna vez me habían amado.
Lamentablemente no encontré lo esperado en ninguna de mi vida inconclusa. Sólo reproches, odios y sinsabores. Por lo cual decidí volver a mi lugar de origen.
Mi padre ya había muerto, pero encontré a mi madre y mis hermanos que me recibieron con el amor real que necesitaba...
28/03/07
A los 18 años, cuando cumplí mi mayoría de edad, le pedí dinero a mi padre y sin decirle nada compré un pasaje para un lugar del mundo y partir. Y así dejé a mis padres y mis hermanos menores, sin avisarles donde iba ni a qué, pues ni yo lo sabía.
Tuve siempre la facilidad de hacerme querer muy fácilmente, y de hacer amigos, amantes, novias, y todas esas cosas que a uno hacen por momentos feliz.
Esa fue una constante en mi vida., arraigándome a nuevos lugares y partiendo nuevamente olvidando lo vivido. De esa forma sobrevivía, aprendía cosas y obtenía nuevas experiencias. Pero siempre, y sin decir nada a nadie, un día, el menos esperado, volvía a partir, eligiendo algún lugar lejano para comenzar de nuevo.
Mi historia de abandonos es larga y siempre sabía que dejaba afectos a mis espaldas, que si algún día volvía, los podría volver a conseguir.
Así fue pasando el tiempo y me puse mayor. Ya casi con 60 años, y después de haber abandonado mujeres, hijos, amigos, gente que quería dejarme sus negocios, amigas, y vidas a medio construir, necesitaba afecto y decidí volver a esos lugares que en su momento había abandonado y donde alguna vez me habían amado.
Lamentablemente no encontré lo esperado en ninguna de mi vida inconclusa. Sólo reproches, odios y sinsabores. Por lo cual decidí volver a mi lugar de origen.
Mi padre ya había muerto, pero encontré a mi madre y mis hermanos que me recibieron con el amor real que necesitaba...
28/03/07
martes, 27 de marzo de 2007
Un cortito relato
No necesito de diarios ni radio ni tv para enterarme del mundo ni para ser feliz.
Mi madre me ha criado de la unas buenas maneras. Me ha dado lo mejor de comer, me ha dado calor en los días de invierno y me refrescaba en los días calurosos del verano. Me enseñó todo lo que debía saber de la vida, me protegió y me hizo disfrutar del viento, los árboles, los ríos y de la naturaleza en pleno.
He sido feliz con ella, hasta que un día me fui a criar a mi propia familia.
He tenido mis hijos y los he criado tal cual mi madre me ha enseñado.
Les dí todo lo mejor de mí y lo mejor de las enseñanzas de mi madre. Los he protegido del frío y los he refrescado en el verano. Les dí la mejor comida que he podido y les mostré los prados y la naturaleza para que fueran felices como yo lo he sido.
No necesito de diarios, ni radios, ni televisiones para ser feliz, pues soy una paloma y disfruto del mundo sabiendo el olor de la naturaleza.
27/03/07
Mi madre me ha criado de la unas buenas maneras. Me ha dado lo mejor de comer, me ha dado calor en los días de invierno y me refrescaba en los días calurosos del verano. Me enseñó todo lo que debía saber de la vida, me protegió y me hizo disfrutar del viento, los árboles, los ríos y de la naturaleza en pleno.
He sido feliz con ella, hasta que un día me fui a criar a mi propia familia.
He tenido mis hijos y los he criado tal cual mi madre me ha enseñado.
Les dí todo lo mejor de mí y lo mejor de las enseñanzas de mi madre. Los he protegido del frío y los he refrescado en el verano. Les dí la mejor comida que he podido y les mostré los prados y la naturaleza para que fueran felices como yo lo he sido.
No necesito de diarios, ni radios, ni televisiones para ser feliz, pues soy una paloma y disfruto del mundo sabiendo el olor de la naturaleza.
27/03/07
miércoles, 21 de marzo de 2007
Blog (una historia de encuentros)
A Marina le gustaban los poemas.
Fanática de ellos buscaba por todos lados libros, blogs y toda clase de escritos que tuvieran poemas. Una amiga le recomendó ingresar a un blog de un tal Rayodetrueno que ella había encontrado en la web y que le habían parecido los mejores poemas de amor y sentimiento.
Y le pasó la dirección del blog a Marina.
Marina ilusionada entró a leer y quedó apasionada por cada uno de los poemas ahí publicados.
Todos los días entraba y leía un poema nuevo que la transportaba a otros mundos.
Le dejaba mensajes de adoración con el nick de Solradiante. Meses y meses leyó cada uno de los poemas de Rayodetrueno y cada día se enamoraba más de la persona que los había escrito. Pensaba que debía ser alguien muy dulce, muy profundo, muy sensible. Y un día le pasó su mail a Rayodetrueno.
Rayodetrueno, leía los comentarios apasionados de su ilustre lectora Solradiante y al ver su dirección de correo electrónico le escribió un mail, dándose a conocer como un poeta que le gustaba mucho escribir sobre el amor y la vida.
El tiempo pasó y mail va y mail viene, como ambos vivían en la misma ciudad, decidieron conocerse.
Se encontraban en un bar del centro de la ciudad a las 6 de la tarde.
Marina llegó 10 minutos tarde. Y al entrar al bar se encontró que en una mesa junto a una ventana estaba el contador de la empresa donde ella trabajaba como recepcionista. Quiso esquivar la mirada, pero él la vió y la saludó. Ella con una sonrisa lo saludó.
Se sentó en una mesa lejana de él esperando a Rayodetrueno.
Mientras tanto, Carlos, el contador, la miraba y pensaba en lo insulsa que le parecía esa mujer. Fría, desabrida, descolorida.
Marina miró de reojo a Carlos y pensó en lo frío y calculador que le había parecido Carlos desde que había entrado a trabajar en la misma empresa. Pensó que el tipo era lo más insulso y desabrido.
Ella esperaba a Rayodetrueno. Pero el tiempo pasaba y no podía ser que se tardara tanto.
Mientras tanto Carlos, después de media hora de espera, se levantó y se dirigió a la mesa de Marina. Se acercó y la miró a los ojos y le dijo:
- Solradiante?
Ella respondió:
- Rayodetrueno?
Se sonrieron. Y Carlos se sentó en la mesa junto a Marina.
21/03/07
Fanática de ellos buscaba por todos lados libros, blogs y toda clase de escritos que tuvieran poemas. Una amiga le recomendó ingresar a un blog de un tal Rayodetrueno que ella había encontrado en la web y que le habían parecido los mejores poemas de amor y sentimiento.
Y le pasó la dirección del blog a Marina.
Marina ilusionada entró a leer y quedó apasionada por cada uno de los poemas ahí publicados.
Todos los días entraba y leía un poema nuevo que la transportaba a otros mundos.
Le dejaba mensajes de adoración con el nick de Solradiante. Meses y meses leyó cada uno de los poemas de Rayodetrueno y cada día se enamoraba más de la persona que los había escrito. Pensaba que debía ser alguien muy dulce, muy profundo, muy sensible. Y un día le pasó su mail a Rayodetrueno.
Rayodetrueno, leía los comentarios apasionados de su ilustre lectora Solradiante y al ver su dirección de correo electrónico le escribió un mail, dándose a conocer como un poeta que le gustaba mucho escribir sobre el amor y la vida.
El tiempo pasó y mail va y mail viene, como ambos vivían en la misma ciudad, decidieron conocerse.
Se encontraban en un bar del centro de la ciudad a las 6 de la tarde.
Marina llegó 10 minutos tarde. Y al entrar al bar se encontró que en una mesa junto a una ventana estaba el contador de la empresa donde ella trabajaba como recepcionista. Quiso esquivar la mirada, pero él la vió y la saludó. Ella con una sonrisa lo saludó.
Se sentó en una mesa lejana de él esperando a Rayodetrueno.
Mientras tanto, Carlos, el contador, la miraba y pensaba en lo insulsa que le parecía esa mujer. Fría, desabrida, descolorida.
Marina miró de reojo a Carlos y pensó en lo frío y calculador que le había parecido Carlos desde que había entrado a trabajar en la misma empresa. Pensó que el tipo era lo más insulso y desabrido.
Ella esperaba a Rayodetrueno. Pero el tiempo pasaba y no podía ser que se tardara tanto.
Mientras tanto Carlos, después de media hora de espera, se levantó y se dirigió a la mesa de Marina. Se acercó y la miró a los ojos y le dijo:
- Solradiante?
Ella respondió:
- Rayodetrueno?
Se sonrieron. Y Carlos se sentó en la mesa junto a Marina.
21/03/07
jueves, 8 de marzo de 2007
Para toda la vida y toda la muerte (un pequeño cuento)
Fui condenado para toda la vida. No recuerdo cual había sido mi delito, en realidad, creo que eso ya no tiene demasiada importancia.
Sólo, después de tanto tiempo, puedo recordar que cuando fui condenado para toda la vida, una persona del jurado dijo:
- Sr. Juez, condenar a este hombre para toda la vida es una injusticia, pues ya tiene más de 90 años. Y me pregunto ¿Cúanto tiempo más puede vivir, cinco, diez, quince años? ¿Ud. Cree que esto es hacer Justicia?. Yo creo que se lo debe condenar para toda la vida y para toda su muerte.
Así lo hicieron. Me condenaron para la vida y para toda mi muerte.
Me encarcelaron en una celda situada en un sótano, y me pusieron un guardián, que era el encargado de traerme la comida, agua y esas cosas.
Acepté mi condena como cualquier otra persona y escuchaba a mi guardián siempre hablarme de la vida fuera. No era de mucho charlar yo, sólo escuchaba las cosas que tenían para decirme.
Cuando me encarcelaron tenía 94 años y se nota que la vida en la cárcel no debía haber sido muy mala, porque superé todas las espectativas del jurado con respecto a mi vida. Llegué a vivir hasta los 121 años.
Cuando morí, mi guardián lloró de pena, pero él debía seguir cuidandome, ya que yo habia sido condenado por toda mi muerte también.
Al tiempo, vino un reemplazo de mi guardián, mandaron otro. Mi primer guardián se despidió de mí y me dijo que le mandaron alguien que lo reemplazara, ya que él debía irse a morir en paz.
Y así fue pasando el tiempo. Cada 25 años más o menos mandaban un reemplazo para los guardianes, ya que ellos debían irse a morir.
Que tontos en realidad. Si yo ya no pensaba en escaparme. Había pasado tanto tiempo que yo ya no tenía donde ir. Mi lugar era esa celda a la que fui condenado.
Un día mi último guardián me dijo:
-Sabes? Debo irme. Me queda poco tiempo de vida. Lo siento. Y me llama mucho la atención, que aún no hayan mandado mi reemplazo. Debo dejarte pero prométeme que nunca te escaparás de aquí.
Se lo prometí y lo dejé ir en paz.
A partir de ese momento sigo preso, como me juzgaron, por toda mi muerte, ahora sin guardianes. Y no pienso irme pues sé que debo cumplir con mi condena.
Sólo, después de tanto tiempo, puedo recordar que cuando fui condenado para toda la vida, una persona del jurado dijo:
- Sr. Juez, condenar a este hombre para toda la vida es una injusticia, pues ya tiene más de 90 años. Y me pregunto ¿Cúanto tiempo más puede vivir, cinco, diez, quince años? ¿Ud. Cree que esto es hacer Justicia?. Yo creo que se lo debe condenar para toda la vida y para toda su muerte.
Así lo hicieron. Me condenaron para la vida y para toda mi muerte.
Me encarcelaron en una celda situada en un sótano, y me pusieron un guardián, que era el encargado de traerme la comida, agua y esas cosas.
Acepté mi condena como cualquier otra persona y escuchaba a mi guardián siempre hablarme de la vida fuera. No era de mucho charlar yo, sólo escuchaba las cosas que tenían para decirme.
Cuando me encarcelaron tenía 94 años y se nota que la vida en la cárcel no debía haber sido muy mala, porque superé todas las espectativas del jurado con respecto a mi vida. Llegué a vivir hasta los 121 años.
Cuando morí, mi guardián lloró de pena, pero él debía seguir cuidandome, ya que yo habia sido condenado por toda mi muerte también.
Al tiempo, vino un reemplazo de mi guardián, mandaron otro. Mi primer guardián se despidió de mí y me dijo que le mandaron alguien que lo reemplazara, ya que él debía irse a morir en paz.
Y así fue pasando el tiempo. Cada 25 años más o menos mandaban un reemplazo para los guardianes, ya que ellos debían irse a morir.
Que tontos en realidad. Si yo ya no pensaba en escaparme. Había pasado tanto tiempo que yo ya no tenía donde ir. Mi lugar era esa celda a la que fui condenado.
Un día mi último guardián me dijo:
-Sabes? Debo irme. Me queda poco tiempo de vida. Lo siento. Y me llama mucho la atención, que aún no hayan mandado mi reemplazo. Debo dejarte pero prométeme que nunca te escaparás de aquí.
Se lo prometí y lo dejé ir en paz.
A partir de ese momento sigo preso, como me juzgaron, por toda mi muerte, ahora sin guardianes. Y no pienso irme pues sé que debo cumplir con mi condena.
domingo, 4 de marzo de 2007
Me acosté en mi cama y desperté en...(un pequeño cuento)
- Despierta Víctor, ya es tarde.
Me decía Carmen mientras me despertaba con unos besos en el cuello.
Abrí los ojos y no me asombré de nada. Pensé sólo que era una continuación de tantos sueños soñados sobre Víctor Reyes. Su bella mujer, su cama, su habitación, el aroma a lavanda...Todo era igual. Pero algo me desconcertaba y era que no parecía un sueño.
Era todo muy real.
Me levanté y fui al baño. Me miré al espejo, y tal como había dicho Carmen, era el rostro de Víctor el que se reflejaba. Seguiré soñando, pensé. Al fin y al cabo venía soñando con Víctor Reyes desde muy pequeño. Todas las noches soñaba con él. Sabía todo a cerca de su persona, sus recuerdos, lo acompañé en su crecimiento, sus secretos, sus estados de ánimo, todo, todo lo sabía a cerca de él. Me quedé fijo mirándome al espejo y me dije, Si yo soy Matías Reich, cómo es posible que ahora tenga el cuerpo de Víctor.
Claro. Desde muy niño que vengo soñando con la vida de Víctor. Nunca tuve otro sueño y al despertar siempre lo recordaba. Pero esto no parecía una continuación de un sueño, esto era muy real. Me metí en la ducha y me quedé bajo el agua sin entender demasiado. Después de todo, nada de esto me resultaba desconocido. Al rato sentí la voz de Carmen que me anunciaba que salía a comprar y que volvía en una hora. No dije nada.
Salí de la ducha y sequé mi cuerpo nuevo para mí, ahora. Me miré y nada me asombraba, todo ya era conocido. No quise tratar de entender mucho. Sólo que me preguntaba, de a ratos, por Matías, el que yo realmente era.
Dejé que fuera pasando el día. Carmen ni notaba la diferencia, pero yo en mis adentros sentía que era Matías metido en el cuerpo de Víctor. ¿Podría ser eso?. No quería profundizar demasiado y no me sentía tampoco tan a disgusto. Sí notaba que cosas de lo que yo era como Matías, al pasar de las horas, se iban perdiendo. Recuerdos, sensaciones, formas. Ya estaba acomodándome dentro de Víctor. Y así quedé sin preguntarme demasiado.
Esperé a la noche y a ir a dormir. Suponía que cuando durmiera soñaría, ahora que soy Víctor, con la vida de Matías. Pero no fue así. Me apoderé de sueños propios. Y al despertar a la mañana junto a Carmen, supe que Matías, el que había sido, ya no lo era, y que de ahora en más era Víctor.
Al despertar, Carmen me recordó que abriera mi mail para ver si tenía noticias de los trabajos que había publicado en internet. Y después de una ducha y el desayuno me senté a ver mensajes de mis mails.
¿Cuál casilla abriría, la de Matías o la de Víctor? Dudé un momento. Pero creo que siendo Víctor ahora, no correspondía abrir la de Matías. Es más, entre las cosas de Matías ,que fueron mías, que comenzaba a olvidar, una era la clave de acceso a su mail.
Por lo tanto abrí el mail que me correspondía ahora, el de Víctor.
Sólo había un mensaje en mi casilla y era de Matías Reich que decía:
“Hola, yo soy tú”
04/03/07
Me decía Carmen mientras me despertaba con unos besos en el cuello.
Abrí los ojos y no me asombré de nada. Pensé sólo que era una continuación de tantos sueños soñados sobre Víctor Reyes. Su bella mujer, su cama, su habitación, el aroma a lavanda...Todo era igual. Pero algo me desconcertaba y era que no parecía un sueño.
Era todo muy real.
Me levanté y fui al baño. Me miré al espejo, y tal como había dicho Carmen, era el rostro de Víctor el que se reflejaba. Seguiré soñando, pensé. Al fin y al cabo venía soñando con Víctor Reyes desde muy pequeño. Todas las noches soñaba con él. Sabía todo a cerca de su persona, sus recuerdos, lo acompañé en su crecimiento, sus secretos, sus estados de ánimo, todo, todo lo sabía a cerca de él. Me quedé fijo mirándome al espejo y me dije, Si yo soy Matías Reich, cómo es posible que ahora tenga el cuerpo de Víctor.
Claro. Desde muy niño que vengo soñando con la vida de Víctor. Nunca tuve otro sueño y al despertar siempre lo recordaba. Pero esto no parecía una continuación de un sueño, esto era muy real. Me metí en la ducha y me quedé bajo el agua sin entender demasiado. Después de todo, nada de esto me resultaba desconocido. Al rato sentí la voz de Carmen que me anunciaba que salía a comprar y que volvía en una hora. No dije nada.
Salí de la ducha y sequé mi cuerpo nuevo para mí, ahora. Me miré y nada me asombraba, todo ya era conocido. No quise tratar de entender mucho. Sólo que me preguntaba, de a ratos, por Matías, el que yo realmente era.
Dejé que fuera pasando el día. Carmen ni notaba la diferencia, pero yo en mis adentros sentía que era Matías metido en el cuerpo de Víctor. ¿Podría ser eso?. No quería profundizar demasiado y no me sentía tampoco tan a disgusto. Sí notaba que cosas de lo que yo era como Matías, al pasar de las horas, se iban perdiendo. Recuerdos, sensaciones, formas. Ya estaba acomodándome dentro de Víctor. Y así quedé sin preguntarme demasiado.
Esperé a la noche y a ir a dormir. Suponía que cuando durmiera soñaría, ahora que soy Víctor, con la vida de Matías. Pero no fue así. Me apoderé de sueños propios. Y al despertar a la mañana junto a Carmen, supe que Matías, el que había sido, ya no lo era, y que de ahora en más era Víctor.
Al despertar, Carmen me recordó que abriera mi mail para ver si tenía noticias de los trabajos que había publicado en internet. Y después de una ducha y el desayuno me senté a ver mensajes de mis mails.
¿Cuál casilla abriría, la de Matías o la de Víctor? Dudé un momento. Pero creo que siendo Víctor ahora, no correspondía abrir la de Matías. Es más, entre las cosas de Matías ,que fueron mías, que comenzaba a olvidar, una era la clave de acceso a su mail.
Por lo tanto abrí el mail que me correspondía ahora, el de Víctor.
Sólo había un mensaje en mi casilla y era de Matías Reich que decía:
“Hola, yo soy tú”
04/03/07
sábado, 3 de marzo de 2007
La joven y su dueña (para un cuadro de Melip)
Desde que ví este cuadro de Melip, me inspiró esta pequeña historia...Nunca podía llegarla a escribir. Al fin lo hice. Espero les guste. Y Gracias Melip por el cuadro.Uy, uy, uy !!! !Qué verguenza!Mejor salir despacio sin que se dé cuenta.Si mi señora se entera que la estuve espiando es capaz de cualquier cosa. Comenzarían los gritos, y quien sabe, quizás me corra. Y yo no quiero eso, después de tantos años.Siempre yo tengo que ser tan metida. Esta vez no pude con mi genio, es que escuché los gemidos y fuí a espiar...y la encontré en un traspié. Y ella siempre tan puesta, tan seria con sus cosas, tan señora. Si se entera que la ví creo que ella también moriría de verguenza.
No debo hacerlo más. Sus cosas son sus cosas y no debo meterme.
Mejor salir despacio y sin que se entere.Pero bueno, al fin hoy, después de tanto tiempo, la he visto más mujer a mi señora, y hasta creo que hoy la quiero un poco más. Hoy, después de tanto tiempo, y por primera vez, la he visto llorar.
jueves, 1 de marzo de 2007
Ternura (un relato pequeñito)
Desde que la vi por primera vez, no pude dejar de mirarla.
Eran sus ojos, su rostro, su piel, su aroma lo que me atraían de tal forma que su ausencia se me hacía insoportable.
Tanta belleza para mí. Miraba su sonrisa, fijo, y me deslumbraba, me hipnotizaba, me obnubilaba ...Era todo. No soportaba estar un minuto sin ella. El resto del mundo y las demás personas me eran totalmente innecesarias. Sólo quería sentir su aroma, aroma de piel suave y dulce, y ver sus ojos llenos de ternura y de sonrisas. Con ellos me decía más cosas de las que cualquier palabra pudiera significarme. Con ellos me hablaba desde una profundidad que sólo ambos entendíamos.
Y sus caricias....suaves, embellecidas de cantos y sonrisas.
¡Cómo gozaba con su presencia ! Necesitaba tenerla, estar cerca, sentirla, mirarla.
La vida sin ella no tendría ningún sentido. Era lo mejor que hasta ahora me había sucedido. Era la primera vez que deseaba tanto y tanto sentir ese aroma y su suave voz....y esas caricias.
Y el placer más grande, y la unión más grande era cuando sacaba su pezón y me alimentaba...
Eran sus ojos, su rostro, su piel, su aroma lo que me atraían de tal forma que su ausencia se me hacía insoportable.
Tanta belleza para mí. Miraba su sonrisa, fijo, y me deslumbraba, me hipnotizaba, me obnubilaba ...Era todo. No soportaba estar un minuto sin ella. El resto del mundo y las demás personas me eran totalmente innecesarias. Sólo quería sentir su aroma, aroma de piel suave y dulce, y ver sus ojos llenos de ternura y de sonrisas. Con ellos me decía más cosas de las que cualquier palabra pudiera significarme. Con ellos me hablaba desde una profundidad que sólo ambos entendíamos.
Y sus caricias....suaves, embellecidas de cantos y sonrisas.
¡Cómo gozaba con su presencia ! Necesitaba tenerla, estar cerca, sentirla, mirarla.
La vida sin ella no tendría ningún sentido. Era lo mejor que hasta ahora me había sucedido. Era la primera vez que deseaba tanto y tanto sentir ese aroma y su suave voz....y esas caricias.
Y el placer más grande, y la unión más grande era cuando sacaba su pezón y me alimentaba...
jueves, 22 de febrero de 2007
Loy Loyca (una pequeña historia)
Palmirita de 7 años vive sola con sus padres en medio del campo.
El padre trabaja la tierra, la madre cuida los animales.
Mientras sus padres salen al campo, Palmira queda sola en la casa, y con sus 7 añitos hace lo que puede para que cuando la madre venga, no tenga tanto trabajo. Tiende las camas, limpia los pisos, ordena las ropas, lava los platos, la ropa y se dedica a todos los quehaceres domésticos que fue aprendiendo a diario, con la vida cotidiana.
Como vive en medio del campo y sola no tiene amiguitos, y sus juegos se son corretear una gallina, o con su perro....pero aburrida de tanta soledad se inventó un amiguito, Loy Loyca. Con Loy conversa, y Loy la acompaña en todos sus quehaceres hogareños. Cuando está triste le cuenta a Loy Loyca sus tristezas, y Loy la alegra.
Cuando está alegre, se divierte con Loy. Y Loy Loyca es su única compañía todos los días, hasta que llegan sus padres del campo. Y cuando los padres duermen en la hora de la siesta, Palmira sale a caminar por el campo junto a Loy Loyca, charlando y compartiendo las tardes de sol. Y si llueve, se quedan en casa sólo charlando.
Palmira solo tenía un amigo, y ese era Loy Loyca.
Un día vinieron de la ciudad a ofrecerle buen dinero al padre de Palmira, para comprarle el campo, pues debian construir una autopista que pasaría por el medio del campo de ellos y lo cortaría al medio. Y como el ofrecimiento de dinero les convenía y sabían que iba a ser mejor para Palmirita irse a la ciudad, ya que debían mandarla al colegio, decidieron vender el campo.
Palmira no estaba muy de acuerdo con esto, pues sabía que si se iban de ese lugar, nunca más iba a estar con Loy Loyca. Pero como era obediente, aceptó sin quejas la decisión de los padres. Y un día se fueron a la ciudad. Ella se despidió en silencio de Loy....
En la ciudad tenían una casa, y enseguida Palmira se hizo de amiguitos del barrio, comenzó a ir al colegio y más amiguitos se sumaron a su lista...y Loy Loyca...quedó en el campo.
Una noche, Palmira estaba triste, se había peleado con unas amiguitas, y ella estaba triste...y se encerró sola en su habitación. Al momento se acordó de Loy y se alegró.
Desde ese día y para siempre, supo que nunca estaría sola, que Loy Loyca estaría allí, para acompañarla en los momentos difíciles...para secarle las lágrimas.
El padre trabaja la tierra, la madre cuida los animales.
Mientras sus padres salen al campo, Palmira queda sola en la casa, y con sus 7 añitos hace lo que puede para que cuando la madre venga, no tenga tanto trabajo. Tiende las camas, limpia los pisos, ordena las ropas, lava los platos, la ropa y se dedica a todos los quehaceres domésticos que fue aprendiendo a diario, con la vida cotidiana.
Como vive en medio del campo y sola no tiene amiguitos, y sus juegos se son corretear una gallina, o con su perro....pero aburrida de tanta soledad se inventó un amiguito, Loy Loyca. Con Loy conversa, y Loy la acompaña en todos sus quehaceres hogareños. Cuando está triste le cuenta a Loy Loyca sus tristezas, y Loy la alegra.
Cuando está alegre, se divierte con Loy. Y Loy Loyca es su única compañía todos los días, hasta que llegan sus padres del campo. Y cuando los padres duermen en la hora de la siesta, Palmira sale a caminar por el campo junto a Loy Loyca, charlando y compartiendo las tardes de sol. Y si llueve, se quedan en casa sólo charlando.
Palmira solo tenía un amigo, y ese era Loy Loyca.
Un día vinieron de la ciudad a ofrecerle buen dinero al padre de Palmira, para comprarle el campo, pues debian construir una autopista que pasaría por el medio del campo de ellos y lo cortaría al medio. Y como el ofrecimiento de dinero les convenía y sabían que iba a ser mejor para Palmirita irse a la ciudad, ya que debían mandarla al colegio, decidieron vender el campo.
Palmira no estaba muy de acuerdo con esto, pues sabía que si se iban de ese lugar, nunca más iba a estar con Loy Loyca. Pero como era obediente, aceptó sin quejas la decisión de los padres. Y un día se fueron a la ciudad. Ella se despidió en silencio de Loy....
En la ciudad tenían una casa, y enseguida Palmira se hizo de amiguitos del barrio, comenzó a ir al colegio y más amiguitos se sumaron a su lista...y Loy Loyca...quedó en el campo.
Una noche, Palmira estaba triste, se había peleado con unas amiguitas, y ella estaba triste...y se encerró sola en su habitación. Al momento se acordó de Loy y se alegró.
Desde ese día y para siempre, supo que nunca estaría sola, que Loy Loyca estaría allí, para acompañarla en los momentos difíciles...para secarle las lágrimas.
Unas pocas cuadras (una historia de amor)
Cuando Sergio Pángaro la vió, enseguida se enamoró de Luna Mar.
Caminó tras ella durante dos cuadras. Luego apresuró el paso y se puso a caminar a la par de La miró y ella lo miró. El le dijo:
- Señorita, hace dos cuadras que la amo.
Ella le contestó:
- Y yo hace dos cuadras sé que Ud. es el amor de mi vida.
Se sonrieron y comenzaron a caminar juntos por las calles.
En pocas cuadras se contaron sus vidas.
Se tomaron de las manos y caminaron compartiendo palabras y sentimientos por la ciudad.
Se contaron sus gustos, sus ganas, sus proyectos. Y comenzaron a caminar abrazados.
Sergio Pángaro sabía que esa era la mujer que había buscado toda su vida.
Luna Mar estaba convencida que Sergio Pángaro sería su amor para siempre.
En pocas cuadras se acariciaron y besaron.
Mimos, risas, gustos compartidos, historias, amor....todo, todo pasó...en unas pocas cuadras.
Luego de andar y andar Luna Mar le dijo:
- Sergio Pángaro, creo que ya nos hemos amado demasiado
A lo cual Sergio respondió:
- Tienes razón, ya nos hemos amado demasiado para seguirnos amando.
- Es hora de la despedida – dijo Luna Mar.
- Bueno amor, hasta siempre.
- Siempre serás el amor de mi vida.
- Y yo siempre te seré fiel y te recordaré.
Y cada uno caminó hacia su sitio.
Sergio Pángaro y Luna Mar tenían la libertad y la simpleza que tienen los locos, de amar y desamar, o de seguir amando sin la necesidad de poseer.
Sergio Pángaro y Luna Mar se fueron fieles y se siguieron amando por siempre, recordando ese amor que duró apenas... unas pocas cuadras.
Caminó tras ella durante dos cuadras. Luego apresuró el paso y se puso a caminar a la par de La miró y ella lo miró. El le dijo:
- Señorita, hace dos cuadras que la amo.
Ella le contestó:
- Y yo hace dos cuadras sé que Ud. es el amor de mi vida.
Se sonrieron y comenzaron a caminar juntos por las calles.
En pocas cuadras se contaron sus vidas.
Se tomaron de las manos y caminaron compartiendo palabras y sentimientos por la ciudad.
Se contaron sus gustos, sus ganas, sus proyectos. Y comenzaron a caminar abrazados.
Sergio Pángaro sabía que esa era la mujer que había buscado toda su vida.
Luna Mar estaba convencida que Sergio Pángaro sería su amor para siempre.
En pocas cuadras se acariciaron y besaron.
Mimos, risas, gustos compartidos, historias, amor....todo, todo pasó...en unas pocas cuadras.
Luego de andar y andar Luna Mar le dijo:
- Sergio Pángaro, creo que ya nos hemos amado demasiado
A lo cual Sergio respondió:
- Tienes razón, ya nos hemos amado demasiado para seguirnos amando.
- Es hora de la despedida – dijo Luna Mar.
- Bueno amor, hasta siempre.
- Siempre serás el amor de mi vida.
- Y yo siempre te seré fiel y te recordaré.
Y cada uno caminó hacia su sitio.
Sergio Pángaro y Luna Mar tenían la libertad y la simpleza que tienen los locos, de amar y desamar, o de seguir amando sin la necesidad de poseer.
Sergio Pángaro y Luna Mar se fueron fieles y se siguieron amando por siempre, recordando ese amor que duró apenas... unas pocas cuadras.
domingo, 18 de febrero de 2007
Taxi (una pequeña historia)
Casi estaba amaneciendo cuando Jorge salió de la disco, aburrido de la música y de tanto histeriqueo entre las personas.
Al salir, notó vislumbrarse el alba hacia el horizonte. Esperó tranquilo en la calle la llegada de un taxi que lo lleve hasta su casa.
Un rato largo, y ningún coche se avecinaba por la zona. De pronto ve que se acerca un taxi con la banderita baja, pero a pesar de eso, intentó pararlo. El coche se detuvo y el taxista sacó la cabeza por la ventanilla y preguntó:
-¿Hasta dónde vas?
-Hasta Acoyte y Rivadavia.
-Bueno, subí.
-Gracias.
Jorge subió al coche, y el taxista comenzó a hablarle:
-En realidad no iba a parar, pero como ya terminaba mi turno y vas para el mismo lado que yo, aprovecho y me hago el último viaje.
-Que suerte, porque no pasaba nadie por aquí.
-Es raro que pasen taxis por acá a esta hora. ¿Vivís en Acoyte y Rivadavia?
-Sí
-Yo también, vivo sobre Rivadavia enfrente de la librería.
-Entonces somos vecinos. Yo vivo en la esquina de la librería.
-La verdad que estoy cansado hoy. Salí a las 6 de la tarde. En unos minutos van a ser 12 horas que estoy arriba del coche.
-Demasiadas horas...
-Sí. Tengo ganas de antes de llegar a casa comprar unas facturas, el diario y cuando llegue sentarme a tomar unos mates con factura y a leer el diario, hasta que se levante mi mujer y mi hija.
-¿A qué hora se levantan?
-A las siete. Mi nena tiene nueve años y va al colegio. Pero si me escucha que llego seguro que se levanta para estar un rato conmigo y charlar....yo la siento sobre mis piernas, le doy mate, come facturas y charlamos. Luego no la veo hasta las 4 de la tarde y yo a las 6 salgo a trabajar con el coche. Es poco el tiempo que estamos juntos y ella disfruta mucho estar conmigo. Bueno, a decir verdad, yo también disfruto mucho con ella.
-Qué bueno es eso.
El coche siguió pronto hacia la dirección que le había dado Jorge. Poco antes de llegar, en una esquina, cuando tuvieron que frenar porque un semáforo se había puesto en rojo, se acercó un vendedor de diarios hacia la ventanilla del chofer. El chofer le compró el diario del día. Alcanzó a leer el titular antes de retomar la marcha.
-Mirá vos – dijo el conductor a Jorge – Parece que anoche hubo un accidente justo donde vivimos nosotros.
-¿ Me presta el diario para ver?
-Sí – y lo alcanzó
-“Motociclista arroyó una niña en plena avenida Rivadavia a la altura de Acoyte. Ambos murieron por la envestida. Más información en la Pág. 53” – leyó Jorge en voz alta.
-¿No te molesta que pare unos segundos en esta panadería a comprar unas facturas?
-No, está bien.
El conductor bajó y fue a la panadería. Mientras, Jorge, con el diario en la mano, no sabía si seguir leyendo o dormitarse, pues a esa altura el sol ya estaba saliendo y los ojos comenzaban a cerrárseles de sueño. Al instante llegó el conductor para seguir la marcha. Jorge le devolvió el diario. Quedaban apenas dos cuadras para llegar a destino.
Al llegar el conductor le cobró a Jorge el viaje y le hizo un descuento sobre lo que marcaba el reloj. Jorge pagó y el conductor le extendió una tarjeta mientras le decía:
-Te dejo mi tarjeta, por si algún día necesitás un taxi y no encontrás, me llamás y listo. Tiene mi celular, que justamente hoy no lo traje.
-Bueno, gracias. Lo llamaré, ya que somos vecinos. Y yo hoy también salí sin celular.
Jorge le extendió la mano, se saludaron y bajó del taxi.
Al bajar leyó la tarjeta; “Taxi Luis lo lleva a su destino”.
Guardó la tarjeta y mientras caminaba hacia su casa, apenas unos metros, vió en la calle unas manchas de sangre salpicada en el asfalto y parte en la vereda. Seguramente del accidente que hubo hoy - pensó.
Se daría cuenta unos minutos después que el motociclista muerto que anunciaba el diario, era su hermano menor, lo que no sabría nunca es que la niña atropellada y muerta era la hija de Luis.
Al salir, notó vislumbrarse el alba hacia el horizonte. Esperó tranquilo en la calle la llegada de un taxi que lo lleve hasta su casa.
Un rato largo, y ningún coche se avecinaba por la zona. De pronto ve que se acerca un taxi con la banderita baja, pero a pesar de eso, intentó pararlo. El coche se detuvo y el taxista sacó la cabeza por la ventanilla y preguntó:
-¿Hasta dónde vas?
-Hasta Acoyte y Rivadavia.
-Bueno, subí.
-Gracias.
Jorge subió al coche, y el taxista comenzó a hablarle:
-En realidad no iba a parar, pero como ya terminaba mi turno y vas para el mismo lado que yo, aprovecho y me hago el último viaje.
-Que suerte, porque no pasaba nadie por aquí.
-Es raro que pasen taxis por acá a esta hora. ¿Vivís en Acoyte y Rivadavia?
-Sí
-Yo también, vivo sobre Rivadavia enfrente de la librería.
-Entonces somos vecinos. Yo vivo en la esquina de la librería.
-La verdad que estoy cansado hoy. Salí a las 6 de la tarde. En unos minutos van a ser 12 horas que estoy arriba del coche.
-Demasiadas horas...
-Sí. Tengo ganas de antes de llegar a casa comprar unas facturas, el diario y cuando llegue sentarme a tomar unos mates con factura y a leer el diario, hasta que se levante mi mujer y mi hija.
-¿A qué hora se levantan?
-A las siete. Mi nena tiene nueve años y va al colegio. Pero si me escucha que llego seguro que se levanta para estar un rato conmigo y charlar....yo la siento sobre mis piernas, le doy mate, come facturas y charlamos. Luego no la veo hasta las 4 de la tarde y yo a las 6 salgo a trabajar con el coche. Es poco el tiempo que estamos juntos y ella disfruta mucho estar conmigo. Bueno, a decir verdad, yo también disfruto mucho con ella.
-Qué bueno es eso.
El coche siguió pronto hacia la dirección que le había dado Jorge. Poco antes de llegar, en una esquina, cuando tuvieron que frenar porque un semáforo se había puesto en rojo, se acercó un vendedor de diarios hacia la ventanilla del chofer. El chofer le compró el diario del día. Alcanzó a leer el titular antes de retomar la marcha.
-Mirá vos – dijo el conductor a Jorge – Parece que anoche hubo un accidente justo donde vivimos nosotros.
-¿ Me presta el diario para ver?
-Sí – y lo alcanzó
-“Motociclista arroyó una niña en plena avenida Rivadavia a la altura de Acoyte. Ambos murieron por la envestida. Más información en la Pág. 53” – leyó Jorge en voz alta.
-¿No te molesta que pare unos segundos en esta panadería a comprar unas facturas?
-No, está bien.
El conductor bajó y fue a la panadería. Mientras, Jorge, con el diario en la mano, no sabía si seguir leyendo o dormitarse, pues a esa altura el sol ya estaba saliendo y los ojos comenzaban a cerrárseles de sueño. Al instante llegó el conductor para seguir la marcha. Jorge le devolvió el diario. Quedaban apenas dos cuadras para llegar a destino.
Al llegar el conductor le cobró a Jorge el viaje y le hizo un descuento sobre lo que marcaba el reloj. Jorge pagó y el conductor le extendió una tarjeta mientras le decía:
-Te dejo mi tarjeta, por si algún día necesitás un taxi y no encontrás, me llamás y listo. Tiene mi celular, que justamente hoy no lo traje.
-Bueno, gracias. Lo llamaré, ya que somos vecinos. Y yo hoy también salí sin celular.
Jorge le extendió la mano, se saludaron y bajó del taxi.
Al bajar leyó la tarjeta; “Taxi Luis lo lleva a su destino”.
Guardó la tarjeta y mientras caminaba hacia su casa, apenas unos metros, vió en la calle unas manchas de sangre salpicada en el asfalto y parte en la vereda. Seguramente del accidente que hubo hoy - pensó.
Se daría cuenta unos minutos después que el motociclista muerto que anunciaba el diario, era su hermano menor, lo que no sabría nunca es que la niña atropellada y muerta era la hija de Luis.
sábado, 17 de febrero de 2007
El paso 13 (un pequeño cuento)
Si tuviera que contar mi vida, lo haría contando pasos.
Desde que aprendí a contar, ya de muy niño, mi entretenimiento era contar los pasos que distaban desde los lugares a donde me movía. A los 7 años, ya sabía los pasos que distaban desde casa hasta el almacén yendo por un camino u otro. Sabía cual era por el cual daba menos pasos y por cual camino debería dar más.
Era experto en eso. A medida que iba creciendo, por supuesto, los pasos iban cambiando, ya que mi cuerpo cambiaba también.
De grande se me convirtió en una obsesión, y lo que de niño era sólo un entretenimiento, ya crecido, pasó a ser parte de mi vida. Conocía todos los pasos que debía dar de un lugar a otro y los sabía por todos los caminos que pudiera tomar.
Cuando ya la vida se me arrutinó y me casé, y viajaba de casa al trabajo, y del trabajo a casa, tenía todo más calculado y más encuadrado dentro de mis pasos.
Siempre volvía del trabajo muy tarde a casa y Verónica, cuando yo llegaba, ya estaba durmiendo, para no despertarla, nunca prendía la luz del dormitorio, y no me hacía falta. Sólo calculaba los pasos y llegaba a la cama sin ningún problema. La última luz que apagaba era la del baño, y sabía que saliendo del baño, hasta llegar a la cama habían doce pasos. Cinco pasos, tomando como guía la pared de la derecha. Al atravesar la puerta del dormitorio habían dos pasos más. Luego doblaba tres hacia la derecha y dos más hacia la izquierda y ya topaba con la cama. Y así eran todas las noches de mis días.
Una noche llegué raro a casa. Hastiado de tanta rutina, de los sinsabores de que todos los días fueran iguales, uno a uno, a pesar de las diversas situaciones que pudieran ocurrir.
Esa noche, antes de salir del baño, me miré al espejo y me noté más viejo, agotado y agobiado que de costumbre. Me quedé mirando fijo la tristeza de mis ojos y me asusté. Soñé, mirándome al espejo, con una vida distinta...y al volver de mi pequeño sueño, volví a notar la profunda tristeza de mis ojos. No pensé más. Apagué la luz y me dirigí a la cama.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce......y?....el borde de la cama no estaba. Estiré mi pierna para buscarlo....y no había nada. No podía ser. No podía ser que me hubiera equivocado. No en eso, en lo único que sabía hacer bien, contar los pasos y calcular. Me quedé parado pensando antes de dar el paso trece. Pensé en retroceder y volver a contar....pero nunca retrocedo sobre mis pasos. Volví a estirar mi pierna buscando el borde de la cama, y no estaba...no me atrevía a apoyar el pie.
Luego de pensar un rato decidí dar el paso trece. Mi pie no pisó ningún piso fijo, y no me topé con ningún borde de la cama, entré en una atmósfera distinta, como una nebulosa....
Desde ese día quedé encerrado dentro de mis sueños y ya nunca más pude salir. Ahora ya la vida no la puedo contar más en pasos. Ahora soy más feliz.
Desde que aprendí a contar, ya de muy niño, mi entretenimiento era contar los pasos que distaban desde los lugares a donde me movía. A los 7 años, ya sabía los pasos que distaban desde casa hasta el almacén yendo por un camino u otro. Sabía cual era por el cual daba menos pasos y por cual camino debería dar más.
Era experto en eso. A medida que iba creciendo, por supuesto, los pasos iban cambiando, ya que mi cuerpo cambiaba también.
De grande se me convirtió en una obsesión, y lo que de niño era sólo un entretenimiento, ya crecido, pasó a ser parte de mi vida. Conocía todos los pasos que debía dar de un lugar a otro y los sabía por todos los caminos que pudiera tomar.
Cuando ya la vida se me arrutinó y me casé, y viajaba de casa al trabajo, y del trabajo a casa, tenía todo más calculado y más encuadrado dentro de mis pasos.
Siempre volvía del trabajo muy tarde a casa y Verónica, cuando yo llegaba, ya estaba durmiendo, para no despertarla, nunca prendía la luz del dormitorio, y no me hacía falta. Sólo calculaba los pasos y llegaba a la cama sin ningún problema. La última luz que apagaba era la del baño, y sabía que saliendo del baño, hasta llegar a la cama habían doce pasos. Cinco pasos, tomando como guía la pared de la derecha. Al atravesar la puerta del dormitorio habían dos pasos más. Luego doblaba tres hacia la derecha y dos más hacia la izquierda y ya topaba con la cama. Y así eran todas las noches de mis días.
Una noche llegué raro a casa. Hastiado de tanta rutina, de los sinsabores de que todos los días fueran iguales, uno a uno, a pesar de las diversas situaciones que pudieran ocurrir.
Esa noche, antes de salir del baño, me miré al espejo y me noté más viejo, agotado y agobiado que de costumbre. Me quedé mirando fijo la tristeza de mis ojos y me asusté. Soñé, mirándome al espejo, con una vida distinta...y al volver de mi pequeño sueño, volví a notar la profunda tristeza de mis ojos. No pensé más. Apagué la luz y me dirigí a la cama.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce......y?....el borde de la cama no estaba. Estiré mi pierna para buscarlo....y no había nada. No podía ser. No podía ser que me hubiera equivocado. No en eso, en lo único que sabía hacer bien, contar los pasos y calcular. Me quedé parado pensando antes de dar el paso trece. Pensé en retroceder y volver a contar....pero nunca retrocedo sobre mis pasos. Volví a estirar mi pierna buscando el borde de la cama, y no estaba...no me atrevía a apoyar el pie.
Luego de pensar un rato decidí dar el paso trece. Mi pie no pisó ningún piso fijo, y no me topé con ningún borde de la cama, entré en una atmósfera distinta, como una nebulosa....
Desde ese día quedé encerrado dentro de mis sueños y ya nunca más pude salir. Ahora ya la vida no la puedo contar más en pasos. Ahora soy más feliz.
domingo, 11 de febrero de 2007
Para la primera ventana de mi amiga Melip

Ventana a la esperanza
Me siento preso, en este sitio seco y adusto. Sólo puedo ver a través de ésta ventana.
Miro las montañas, los caminos ondulantes, los colores del cielo....Más allá la vida. Y yo aquí adentro.
Quiero saltar, correr, dimensionarme y espaciarme en eso que veo a través de la ventana. Mi pequeña vida no lo permite. Yo aquí pertenezco.
Y si dejo todo y lanzo a correr por los caminos ?, y si me auguro a la vida real partiendo desde aquí, de ésta ventana?.
Sueño que detrás de esas montañas hay otra vida, y no le temo. Le temo a ésta, que me hace morir día a día en mis silencios.
Esta ventana es mi pequeña esperanza, esta ventana es mi propia vida. Saltaré a recorrer nuevos rumbos, rumbos desconocidos, lugares que no entiendo, pero que me llenan de ganas y de esperanza de que al fin encuentre mi verdadero lugar.
Verde (un pequeño cuento)
Ese día ya todo estaba decidido. Venía todo muy mal: me habían echado de mi trabajo, había roto mi relación con Valeria después de cuatro años, hacía ya un tiempo que estaba muy deprimido y sin ganas de nada, y el insomnio, la pena, las fuerzas destrozadas me habían llevado a un estado de no querer saber mas nada con el mundo y con la vida. Mis pocas amistades, a partir de la separación con mi ex, se habían distanciado y mi mejor amigo hacía un año que había muerto en un accidente de tránsito. Todo me indicaba que a los 30 años ya nada tenía sentido para mí.
Todos mis sueños y proyectos se derrumbaron cuando un día el presidente de la empresa me llamó temprano a su oficina para decirme que a partir de ese dia no necesitarian más de mí. Seguramente porque les resultaba caro, o porque no era tan competente como pretendían, o simplemente porque sinceramente no me necesitaban más. Y ese mismo día al salir més temprano de mi trabajo y llegar a casa en un horario que no era de costumbre, encontré a Valeria con Juan, el hermano de una pareja amiga.
La situación no fue embarazosa, pero sí sospechosa. Qué tenia que hacer Juan en mi casa y con mi mujer un dia de semana tan temprano. La duda comenzó a revolotearme por las entrañas y las preguntas, respondidas a medias, me llevaron a más duda. No tardó mucho en salir todo a la luz. A la semana siguiente Valeria vino a confesarme que con Juan hacia 7 meses que tenian una relación y que lo nuestro ya no funcionaba, que quería probar otras cosas y estar un tiempo alejados. Eso significaba que no queria saber más nada conmigo. La dejé ir, sin esperanza de que volviera o me llamara o nos volvamos a ver.
Me sentí muy solo y deprimido. No podía comenzar una búsqueda de trabajo nuevamente, no tenía fuerzas....y ellas se acababan cada vez más con el paso del tiempo. Y ese día, despues de cuatro meses del abandono de mi mujer, ya había planeado todo y todo estaba decidido.
Había pensado en muchas formas de muerte y de suicidio. Ninguna me convencía. Quería evitar el dolor, el sufrimiento, los actos fallidos que después pudieran dejarme peor. Así que la decisión tomada era la más correcta.
Me levanté muy temprano, todavía no habia amanecido. Tomé una cantidad desmesurada de pastillas para dormir, las puse sobre una tabla, las apisoné e hice un polvo e introduje el polvo en una botella de agua mineral de ½ litro y lo batí bien. Cerré la botella, me puse un jogging y solo con la botellita en la mano salí de mi departamento, sin llaves, sin documentos, sin nada que pudiera identificarme.
Me puse a caminar por la avenida Belgrano hacia el bajo. Estaba al 3500, unas 40 cuadras de distancia hasta la reserva ecológica, donde pensaba tomar mi brebaje y esconderme entre los pajonales para dormir y asi dormido quedar sin que nadie me encuentre, poder encontrar el fin que necesitaba.
Comenzaba a amanecer cuando salí. Era verano. Veía los negocios, la gente, los carteles, pero nada me representaba nada. A las 5 cuadras de haber salido tomé el primer sorbo de mi botellita salvadora. Al rato otro sorbo y otro y otro, y las cuadras y los negocios y la gente se sucedían cada vez más sin sentido sin conmoverme y con mi cabeza y mis sentidos cada vez más mareados y pesados. Mi cuerpo se iba llenando del brebaje y comenzaba a hacer efecto tranquilizante, pero debía llegar a mi meta y esconderme. Intensifiqué mi paso y los sorbos a la botella. La reserva ecológica estaba cerca. Puse la mano en el bolsillo del jogging y noté que tenía unas pastillas más en el bolsillo, no sabía de qué, pero sin dudarlo las introduje en el liquido mientras agitaba la botella para que se disolvieran.
Y caminando, cada vez con menos fuerza, llegué hasta la reserva. Me intruduje y comencé a buscar el lugar mas correcto donde tirarme a dormir mi sueño final. Lo encontré entre medio de unos árboles que tapaban la entrada, unas zarzas que cubrían unas pajas. Buen escondite para un lecho de muerte.
Me meti ahi. Todavia quedaba un poco de líquido pero era bastante espeso. Agité bien la botella y dí el sorbo final. Algo como un barro blanco había quedado hacia el final de la botella, asi que la rompí y saqué el resto y lo tomé. El sueño, la obnivulación y el mareo a esa altura era como para no acordarse de nada. Y así fué. No sé si me recosté, me caí o qué, pero el mundo dejó de existir para mí en ese momento.
Estaba con los ojos cerrados y algo húmedo, pastoso y caliente rosaba con fuerza mi cara. No podia abrir los ojos, pero sentía una sensación de fuerte dolor en mi estómago. De a poco pude levantar mis párpados y ví un perro verde de ojos negros perdido en una neblina oscura, que lamía mi cara, con insistencia. Es el infierno, pensé. Pero a medida que las nubes de mi visión se iban despejando pude ver y comprender que eso no podía ser el infierno. El diablo no podía tener una mirada dulce y preocupada. Estaba vivo, y el retorcijón fuerte en la boca de mi estómago me lo daba a entender. Era mi cuerpo tirado donde no entendía nada, con un perro que me lamía. Tenía arcadas y me hice hacia un costado para lanzar de mi estómago algo líquido. Pero el dolor era tan fuerte que tuve que arrodillarme y seguir largando lo que llegaba desde muy adentro mío. No lo podía contener. Y vomité y vomité hasta sacar bilis negra. No se si era de dia o de noche. En ese momento comprendí que mi intento había fallado, que no había sido tan exacto y que el dolor fuerte ahora lo tenía en las entrañas. Me dí vuelta y vi al perro que me miraba feliz y caí al piso entre las pajas y mis vomitos y ahi quedé tumbado, con sueño.....
Cuando me desperté miré a mi alrededor y me sentí desconcertado. No sabía donde estaba. Vi un rayo de sol que se trepaba por entre las ramas de los árboles y las zarzas iluminando a mis pies un perro blanco que acurrucado dormía junto a mí regazo. Sentí un olor horrible a vomito fermentado y pude incorporarme. Tomé mi cabeza con mi mano derecha, mientras que con la izquierda me sostenía. El dolor era muy fuerte, me friccioné la frente y volví a mirar al perro. Blanco, sucio, con sarna, pero caliente y vivo, ahí, junto a mí. Le acaricié el lomo, e instantáneamente abrió los ojos, me miró y se levantó, y moviendo su cola comenzó a besarme con su trompa el cuello y a hacerme fiesta. Le acaricié la cabeza y le dije: -De dónde saliste vos para despertarme?. Me miró inquieto. Tendría hambre.
No fue fácil para lo que vino después. Nunca nada fue fácil para mí pero Verde me alivianó el camino.
Lo llamé Verde aunque era blanco, porque fue así como lo ví la primera vez que abri los ojos y porque después comprendí que verde era la esperanza de una vida mejor.
Y a pesar de que hoy ya no está, no me alcanza la vida para agradecerle lo que hizo por mí. Me salvó la vida, me dió cariño e hizo que pudiera recomponerme y encontrar un sentido a todo y a disfrutar del día como si fuese el último, de las horas, como si nunca más se volvieran a repetir.
Hoy, cuarenta y tres años después de ese día, con la vida a pleno, una mujer que adoro, unos hijos excepcionales y unos nietos que día a día me dan cada vez más vida, Verde está y estará siempre presente hasta el día que nos volvamos a encontrar.
Todos mis sueños y proyectos se derrumbaron cuando un día el presidente de la empresa me llamó temprano a su oficina para decirme que a partir de ese dia no necesitarian más de mí. Seguramente porque les resultaba caro, o porque no era tan competente como pretendían, o simplemente porque sinceramente no me necesitaban más. Y ese mismo día al salir més temprano de mi trabajo y llegar a casa en un horario que no era de costumbre, encontré a Valeria con Juan, el hermano de una pareja amiga.
La situación no fue embarazosa, pero sí sospechosa. Qué tenia que hacer Juan en mi casa y con mi mujer un dia de semana tan temprano. La duda comenzó a revolotearme por las entrañas y las preguntas, respondidas a medias, me llevaron a más duda. No tardó mucho en salir todo a la luz. A la semana siguiente Valeria vino a confesarme que con Juan hacia 7 meses que tenian una relación y que lo nuestro ya no funcionaba, que quería probar otras cosas y estar un tiempo alejados. Eso significaba que no queria saber más nada conmigo. La dejé ir, sin esperanza de que volviera o me llamara o nos volvamos a ver.
Me sentí muy solo y deprimido. No podía comenzar una búsqueda de trabajo nuevamente, no tenía fuerzas....y ellas se acababan cada vez más con el paso del tiempo. Y ese día, despues de cuatro meses del abandono de mi mujer, ya había planeado todo y todo estaba decidido.
Había pensado en muchas formas de muerte y de suicidio. Ninguna me convencía. Quería evitar el dolor, el sufrimiento, los actos fallidos que después pudieran dejarme peor. Así que la decisión tomada era la más correcta.
Me levanté muy temprano, todavía no habia amanecido. Tomé una cantidad desmesurada de pastillas para dormir, las puse sobre una tabla, las apisoné e hice un polvo e introduje el polvo en una botella de agua mineral de ½ litro y lo batí bien. Cerré la botella, me puse un jogging y solo con la botellita en la mano salí de mi departamento, sin llaves, sin documentos, sin nada que pudiera identificarme.
Me puse a caminar por la avenida Belgrano hacia el bajo. Estaba al 3500, unas 40 cuadras de distancia hasta la reserva ecológica, donde pensaba tomar mi brebaje y esconderme entre los pajonales para dormir y asi dormido quedar sin que nadie me encuentre, poder encontrar el fin que necesitaba.
Comenzaba a amanecer cuando salí. Era verano. Veía los negocios, la gente, los carteles, pero nada me representaba nada. A las 5 cuadras de haber salido tomé el primer sorbo de mi botellita salvadora. Al rato otro sorbo y otro y otro, y las cuadras y los negocios y la gente se sucedían cada vez más sin sentido sin conmoverme y con mi cabeza y mis sentidos cada vez más mareados y pesados. Mi cuerpo se iba llenando del brebaje y comenzaba a hacer efecto tranquilizante, pero debía llegar a mi meta y esconderme. Intensifiqué mi paso y los sorbos a la botella. La reserva ecológica estaba cerca. Puse la mano en el bolsillo del jogging y noté que tenía unas pastillas más en el bolsillo, no sabía de qué, pero sin dudarlo las introduje en el liquido mientras agitaba la botella para que se disolvieran.
Y caminando, cada vez con menos fuerza, llegué hasta la reserva. Me intruduje y comencé a buscar el lugar mas correcto donde tirarme a dormir mi sueño final. Lo encontré entre medio de unos árboles que tapaban la entrada, unas zarzas que cubrían unas pajas. Buen escondite para un lecho de muerte.
Me meti ahi. Todavia quedaba un poco de líquido pero era bastante espeso. Agité bien la botella y dí el sorbo final. Algo como un barro blanco había quedado hacia el final de la botella, asi que la rompí y saqué el resto y lo tomé. El sueño, la obnivulación y el mareo a esa altura era como para no acordarse de nada. Y así fué. No sé si me recosté, me caí o qué, pero el mundo dejó de existir para mí en ese momento.
Estaba con los ojos cerrados y algo húmedo, pastoso y caliente rosaba con fuerza mi cara. No podia abrir los ojos, pero sentía una sensación de fuerte dolor en mi estómago. De a poco pude levantar mis párpados y ví un perro verde de ojos negros perdido en una neblina oscura, que lamía mi cara, con insistencia. Es el infierno, pensé. Pero a medida que las nubes de mi visión se iban despejando pude ver y comprender que eso no podía ser el infierno. El diablo no podía tener una mirada dulce y preocupada. Estaba vivo, y el retorcijón fuerte en la boca de mi estómago me lo daba a entender. Era mi cuerpo tirado donde no entendía nada, con un perro que me lamía. Tenía arcadas y me hice hacia un costado para lanzar de mi estómago algo líquido. Pero el dolor era tan fuerte que tuve que arrodillarme y seguir largando lo que llegaba desde muy adentro mío. No lo podía contener. Y vomité y vomité hasta sacar bilis negra. No se si era de dia o de noche. En ese momento comprendí que mi intento había fallado, que no había sido tan exacto y que el dolor fuerte ahora lo tenía en las entrañas. Me dí vuelta y vi al perro que me miraba feliz y caí al piso entre las pajas y mis vomitos y ahi quedé tumbado, con sueño.....
Cuando me desperté miré a mi alrededor y me sentí desconcertado. No sabía donde estaba. Vi un rayo de sol que se trepaba por entre las ramas de los árboles y las zarzas iluminando a mis pies un perro blanco que acurrucado dormía junto a mí regazo. Sentí un olor horrible a vomito fermentado y pude incorporarme. Tomé mi cabeza con mi mano derecha, mientras que con la izquierda me sostenía. El dolor era muy fuerte, me friccioné la frente y volví a mirar al perro. Blanco, sucio, con sarna, pero caliente y vivo, ahí, junto a mí. Le acaricié el lomo, e instantáneamente abrió los ojos, me miró y se levantó, y moviendo su cola comenzó a besarme con su trompa el cuello y a hacerme fiesta. Le acaricié la cabeza y le dije: -De dónde saliste vos para despertarme?. Me miró inquieto. Tendría hambre.
No fue fácil para lo que vino después. Nunca nada fue fácil para mí pero Verde me alivianó el camino.
Lo llamé Verde aunque era blanco, porque fue así como lo ví la primera vez que abri los ojos y porque después comprendí que verde era la esperanza de una vida mejor.
Y a pesar de que hoy ya no está, no me alcanza la vida para agradecerle lo que hizo por mí. Me salvó la vida, me dió cariño e hizo que pudiera recomponerme y encontrar un sentido a todo y a disfrutar del día como si fuese el último, de las horas, como si nunca más se volvieran a repetir.
Hoy, cuarenta y tres años después de ese día, con la vida a pleno, una mujer que adoro, unos hijos excepcionales y unos nietos que día a día me dan cada vez más vida, Verde está y estará siempre presente hasta el día que nos volvamos a encontrar.
martes, 30 de enero de 2007
He visto un perro seguirme por la calle. Pobre perro solitario con hambre de carne y de caricias.
Me acompañó unas cuadras, con su mirada tierna, con un pedido en sus ojos: llévame.
Una caricia, un trozo de carne encontrado, le dí.
Pero en sus ojos dulces pedía: llévame.
No pude más que acomodarlo en un rincón, entre unos cartones, donde se acostó, y ahí quedó.
No pude llevarte, pues me hubiera gustado. Como no puedo llevar a tantos niños que piden lo mismo por la calle: lugar, amor.
Sé, que en algún momento, alguien de corazón más grande, podrá llevar niños y perros, perros y niños abandonados.
Me acompañó unas cuadras, con su mirada tierna, con un pedido en sus ojos: llévame.
Una caricia, un trozo de carne encontrado, le dí.
Pero en sus ojos dulces pedía: llévame.
No pude más que acomodarlo en un rincón, entre unos cartones, donde se acostó, y ahí quedó.
No pude llevarte, pues me hubiera gustado. Como no puedo llevar a tantos niños que piden lo mismo por la calle: lugar, amor.
Sé, que en algún momento, alguien de corazón más grande, podrá llevar niños y perros, perros y niños abandonados.
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